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Enfócate en tus sentidos

Durante un ataque de pánico, tus pensamientos podrían volverse confusos. Probablemente tengas muchas sensaciones al mismo tiempo, lo que provocará la idea de sentirte “sobrecargado”. Esto se produce porque tu cuerpo ha activado la respuesta de “lucha o huida” de tu sistema nervioso simpático, aumentando tu ritmo cardiaco y respiración a su máxima potencia, tensando los músculos y restringiendo el flujo sanguíneo. Toma un momento para reducir la marcha y prestar atención a cada una de tus experiencias sensoriales. Este proceso puede ayudarle a tu cerebro a desaprender su “reactividad automática” o la costumbre de reaccionar ante los factores estresantes de una manera particular al desglosar la información en componentes individuales.

Intenta realizar un inventario de lo que sucede sin juzgar nada como “bueno” o “malo”. Por ejemplo, podrías notar algo como “Mi corazón late muy rápidamente, mis manos se sienten sudorosas y siento que voy a vomitar”.

Luego, recorda que estos síntomas se producen a causa de la ansiedad. Evita pensar que debes “controlarlos”, porque eso hará que el pánico empeore. Repetí en tu cabeza que estos síntomas son temporales y que desaparecerán.

Quedate donde estés mientras haces tu catálogo de sensaciones. Con el tiempo, esto le ayudará a tu cerebro a darse cuenta de que la situación en realidad no es peligrosa. Huir de dicha situación podría generar en tu cerebro asociaciones más sólidas entre la situación y el pánico.